11 de diciembre de 2017
Sportivo Piazza alcanzó el tricampeonato de la Liga de Fútbol de Azul al ganar su 11° título de Primera División. Venció a Alumni Azuleño por 1 a 0 con gol de Nicolás Castro. Hernán Barbieri fue la enorme figura del partido.
NICOLÁS MURCIA
La villa tuvo la celebración que se palpaba en esa atmósfera que desde bien temprano fue asaltando toda esa ciudad dentro de una ciudad que es Villa Piazza. Una celebración que se vio empañada por los incidentes del final, incidentes que ridiculizaron el fastuoso operativo policial. No hay caso, el hambre de gloria de Sportivo Piazza no encuentra saciedad, tanta azúcar en el paladar no ha sido suficiente para empacharse. Quizá sea verdad: la gloria sabe a rico pero no llena.
Hasta no hace mucho tiempo, el único punto de anclaje altamente glorioso que el industrial poseía en su revisionismos histórico era el desempeño de los años 85 y 86, y esto no implica el desmedro de las demás vueltas olímpicas. Pero las páginas más requeridas en la enciclopedia villera solían ser aquellos años de máximo esplendor futbolístico y trofeos en vitrinas. Ya no son los recuerdos de aquellos años los únicos que merecen el tratamiento mítico: este plantel tricampeón, con dos entrenadores diferentes, acaba de pisar tan fuerte en el sendero histórico de este club como para que su huella merezca la misma calidad de recuerdo.
El triunfo, a Piazza le costó unos cuantos rotundos sufrimientos, muy explícitos, que no terminaron de ser pesares rutilantes gracias a Hernán Barbieri, cuyo desempeño fue extraordinario, de la misma forma en que lo fuera en la ida. Alumni erró mucho, o tal vez sea más justo decir que Barbieri atajó mucho, mucho.
Facundo Parodi y Lucas Iztueta, fragor de final. Piazza volvió a ganarle una final a Alumni al cabo de un año.
NACHO CORREA
Un comienzo que distó en demasía de aquel que vimos en el Emilio S. Puente. Polemizado, plagado de infracciones, peloteado y repleto de interrupciones. El viento intenso sería un elemento disuasivo, complicaría el trato del balón en la misma medida que lo haría eso que podemos llamar “espíritu de final”. La iniciativa la encarnaba la visita, con Ridao como el jugador referencial en ofensiva, posicionado delante de Flores en una línea de tres con Mazzante y Zirilli.
Precisamente el 9 albinegro protagonizó la jugada que decantó en penal. Sobre la izquierda, cerca del área, Ridao buscó el perfil derecho con un enganche y mandó un remate a media altura hacia Barbieri; la intromisión fue de Lucas Iztueta que giró su torso ante el disparo y rebotó el balón con uno de sus brazos pegado al cuerpo. Canelo tomó la responsabilidad, pateó cruzado hacia la derecha del arquero que atajó espectacularmente. Unos tres minutos más tarde, Facundo Parodi corrió por derecha, con facilidad en el desmarque, enfrentó a Barbieri e intentó el gol con un suave remate de zurda; el 1 se acostó en el aire y cacheteó con mucha destreza. Antes de los 20 minutos, dos atajas del “pelado” ya se habían festejado como goles entre los villeros.
Alumni era el mejor, sacaba mucho provecho de la presión alta que ejercía a partir de sus delanteros; Bedoya era el más expuesto a esa modalidad rival, no atinando siquiera a poder dar el primer el pase y malogrando muchos balones que exponían directamente a sus defensores. Bongiorno, reemplazante de Valdez en la ofensiva, pasaba muchos minutos de espalda, no rebotaba y quedaba aislado de Parodi y Carrizo, que por cada costado se sumaban a la ofensiva más expuesta.
Sobre los arcos, para entonces las situaciones de relieve (siendo algo generosos en la calificación) se producían a partir de tiros de esquina o algún tiro libre en tres cuartos que, casi sin excepción, se hacían llegar a las áreas… y que ruede la bola. De momentos el campo parecía quedar chico debido al fragor físico y la necesidad de desprenderse de la pelota para evitar todo tipo de riesgos.
Al entretiempo llegó un trámite de pequeñas jugadas aisladas, momentos alternados en los que ciertas coyunturas desembocaban en acciones algo forzadas, tendientes más a la segunda jugada, a generar ese accidente que, repentinamente, alumbra una posibilidad relevante. Este horno estaba para estos bollos.
El albor del complemento le permitió a Alumni recobrar el peso ofensivo con el que también había plasmado su juego en el lapso inicial del cotejo. Piazza mostraba –de nuevo– dificultades para aplomarse, recrudecía ese posicionamiento (como si se tratara de un mecanismo de defensa instintivo) muy cerca de su propia área, estirando demasiado la estructura colectiva y permitiendo que su rival dispusiera de espacios. Otro matiz que se replicó fue el de las atajadas de Barbieri: a los 3’, con su pie derecho rechazó un atinado disparo de parte de Zirilli, quien buscó el gol desde la medialuna. Cinco minutos más tarde, otra vez Parodi ganó con facilidad la espalda de la defensa villera, corrió contra el arquero que esperó, paciente, achicó unos pocos pasos e hizo “la de Dios”, quedándose con el esférico. Lo del arquero industrial era tan definitorio para la suerte de su equipo como lo era para Alumni la cantidad de ocasiones perfectas de gol que ya había fallado en ambos partidos definitorios.
Piazza no sintonizaba con sus hombres de ataque, no los encontraba en los lugares propicios; el fervor por marcar y no desguarecer un metro siquiera, era una manera también de alejarse de los arcos, de distraerse de la gestión del juego y de ir mermando la intensidad física. Comenzaría en la final una etapa que decididamente condicionaba a todos los delanteros del partido a raspar la olla de las divididas.
El ingreso de Nicolás Castro podría justificarse en el gol que anotaría a los 19’, motivo suficiente por supuesto. Pero el volante aportó una posibilidad de amalgamar el juego, de atraer el impulso del pase y la recepción en pequeñas asociaciones que potenciaban la dimensión ofensiva y que en parte distraían al albinegro de la pulsión de avanzar. Respecto al gol, llegó luego de un centro muy largo enviado al área de calle Prat, derecha a izquierda; un balón que parecía ingrávido y que se volvió peligroso porque Lucas Iztueta lo cabeceó casi contra la meta y lo mandó al primer palo, justo hacia el pie derecho de Castro, que arrimó la bocha contra el poste diestro de Acosta. El festejo en el 75 por ciento del repleto Félix Piazza (cerca de 3000 personas) tardó en homogenizarse: la pelota golpeó contra el paredón merced a un agujero en la red, haciendo parecer que el jugador había marrado la chance.
Digan “gol”. Gómez, Borda y Parodi sumados al catártico festejo de Castro. La 11° vuelta olímpica oficial para Piazza.
NICOLÁS MURCIA
Comenzaron a pasar los minutos, el trámite cada vez se fue contaminando de polémicas e infracciones, muchas sanciones del juez y dos equipos a los que quizá era excesivo reclamarle lucidez: Piazza en la defensa de la ventaja, Alumni en búsqueda afiebrada de la paridad. De a poco, el interés piazzista se veías beneficiado por esa escenografía futbolística, beneficio al cual había que sumarle la imposibilidad de la visita de volver a generar ocasiones de fuste.
A los 43’ se detuvo el partido luego de la expulsión de Rodríguez: un sector del alambrado detrás del arco de la avenida se rompió, ingresaron hinchas de Piazza y el cierre se desnaturalizó demasiado. Algunos jugadores locales reaccionaron en pos de la calma de su gente, que terminó alejada de esa zona por disposición policial. Desde lo futbolístico ya no hubo nada que merezca destacarse. El pitazo de Elichiri (que en el tramo final permitió casi todo) posibilitó el estallido emocional de todo Piazza en un festejo merecido, empañado en un primer momento por las agresiones hacia el público visitante y encontronazos entre el plantel de Alumni y la policía. Eso es grave pero no puede, de ninguna manera, ser la mano que tape el sol de esta excelente campaña industrial, título logrado de manera invicta y que termina de darle forma al tricampeonato. Una huella profunda.
LA FIGURA
Hernán Barbieri
Superman sin capa y sin jopo, figura en ambas finales. Barbieri tuvo al menos cuatro intervenciones excepcionales (la primera de ellas, el penal atajado a Canelo) y resultó decisivo para que Alumni no sacase ventaja en el partido.
CAMPEONES OFICIALES
PRIMERA DIVISIÓN
Año Campeón
1939 Cemento Armado
1940 Sportivo Azul
1941 Sportivo Barracas
1942 Sportivo Barracas
1943 Cemento Armado
1944 Boca Juniors
1945 Alumni Azuleño
1946 Azul Athletic
1947 Azul Athletic
1948 No se disputó (1)
1949 Alumni Azuleño
1950 Alumni Azuleño
1951 Sportivo Piazza
1952 Sportivo Piazza
1953 Alumni Azuleño
1954 Boca Juniors
1955 Alumni Azuleño
1956 Alumni Azuleño
1957 Boca Juniors
1958 Boca Juniors
1959 Alumni Azuleño
1960 Cemento Armado
1961 Cemento Armado
1962 Alumni Azuleño
1963 Vélez Sarsfield
1964 Unión Chillar (2)
1965 Azul Athletic
1966 Cemento Armado
1967 Cemento Armado
1968 Alumni Azuleño
1969 Alumni Azuleño
1970 Alumni Azuleño
1971 Alumni Azuleño
1972 Boca Juniors
1973 Boca Juniors
1974 Boca Juniors
1975 Alumni Azuleño
1976 Alumni Azuleño
1977 Alumni Azuleño
1978 Chacarita Juniors
1979 Azul Athletic (3)
1980 Azul Athletic
1981 Alumni Azuleño
1982 Deportivo Sarmiento (4)
1983 Azul Athletic
1984 Azul Athletic
1985 Sportivo Piazza
1986 Sportivo Piazza
1987 Alumni Azuleño
1988 Alumni Azuleño
1989 Azul Athletic
1990 Sportivo Piazza
1991 Alumni Azuleño
1992 Azul Athletic
1993 Azul Athletic
1994 Alumni Azuleño
1995 Alumni Azuleño
1996 No se disputó (5)
1997 Sportivo Piazza (6)
1998 Azul Athletic
1999 Azul Athletic (7)
2000 Alumni Azuleño
2001 River Plate
2002 Azul Athletic
2003 Sportivo Piazza
2004 Azul Athletic
2005 Chacarita Juniors
2006 Azul Athletic
2007 Chacarita Juniors
2008 Alumni Azuleño
2009 Alumni Azuleño
2010 Sarmiento de Tapalqué
2011 Cemento Armado
2012 Chacarita Juniors
2013 Chacarita Juniors
2014 Sarmiento de Tapalqué (A) (8)
2014 Chacarita Juniors (C) (8)
2015 Alumni Azuleño (A) (9)
2015 Sportivo Piazza (C) (9)
2016 Boca Juniors (A) (10)
2016 Sportivo Piazza (C) (10)
2017 Sportivo Piazza (A) (11)
2017 Sportivo Piazza (C)
Notas
(1) No se disputó en razón de la campaña realizada por el combinado azuleño en el Campeonato Argentino.
(2) Unión Chillar se integró con dirigentes chillarenses pertenecientes a varias entidades, sin tener registro con ese nombre, y formó un equipo con mayoría de jugadores provenientes del fútbol profesional.
(3) Ese año Alumni desistió de jugar la final con Azul Athletic, por el fallecimiento de su presidente Adolfo Toscano, por lo que la Liga le otorgó el título a su tradicional rival.
(4) Sarmiento de Tapalqué fue campeón tras protestar un partido a su rival de ciudad, Atlético.
(5) Alumni campeón del Apertura y Piazza del Clausura, decidieron no jugar el encuentro final.
(6) El torneo Clausura ganado por Piazza se jugó con un reducido de 3 equipos: Alumni, Piazza y River, habiendo desistido de intervenir las restantes entidades afiliadas.
(7) Se jugó un torneo Apertura a 1 rueda y un Clausura con 4 equipos, jugando la final Azul Athletic y Alumni, venciendo los primeros por 1 a 0.
(8) En 2014 se consideró como campeón el ganador de cada uno de los Torneos que se disputó.
(9) En 2015 se consideró como campeón al ganador de cada uno de los Torneos que se disputó.
(10) En 2016 se consideró como campeón al ganador de cada uno de los Torneos que se disputó.
(11) En 2017 se considera como campeón al ganador de cada uno de los Torneos que se disputó.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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